CAPÍTULO 26
ALAY BENJAMIN.
Si de jugar se trataba en este manicomio social, algunas mujeres y hombres eran perfectos locos. De esos que sabían lo que querían y si debían aplastar a alguien que se interpusiera en su camino para hacerlo desaparecer, ni siquiera lo pensarían dos veces tras llevar a cabo esa acción.
El simple hecho de nacer en este pueblo te ataba a cosas horribles y a tener malos tratos con las personas que quieres.
Y allí estaba yo, golpeando con fuerza la puerta de Charlotte