82. Te quiero en dos días en mi oficina.
El ardor en su mejilla era latente, sobre todo al escucharla hablarle de esa manera, sabía que Julia tenía su temperamento, pero también era una mujer muy cariñosa. Así que la mujer que estaba frente a él era una Julia completamente diferente, la forma que defendió a su hija le agrado y también lo encolerizo aún más.
—¿A dónde crees que vas?— Ciro la sujeto de la muñeca volviendo a hacerla caer en la cama —¿Dime qué tanto querías al padre de esa mocosa como para querer tener un hijo con él? No