42. Mía… tú eres mía, Julia…
— Shhh— Ciro colocó su dedo índice sobre los labios de su esposa — no tienes que explicarme eso.
Ciro la hizo callar para después inclinarse sobre ella, para besarla. No había necesidad de que le explicara nada, sabía que Julia era suya.
Él no era un santo, su debilidad antes del accidente y antes de casarse con Julia eran las mujeres, sobre todo las mujeres casadas y todas ellas tenían solo algo en común. Sus esposos no las satisfacen, ellas estaban deseosas de disfrutar de desplegar sus alas