43. Los cafés, rápido.
Esa mañana, tras el desayuno, Ciro le pidió a Julia que se quedara, quería hablar con ella. Su voz sonaba más tranquila y genuina que la última vez que la llevó a la oficina.
— Sé que la otra vez que te llevé a la oficina no me porté muy bien, pero hoy quiero intentarlo de nuevo. ¿Querrías acompañarme? — le preguntó Ciro a su esposa.
Julia asintió, envolviendo los brazos alrededor de su cuello. Eso hizo que Ciro sonriera mientras la estrechaba contra él. Una hora después, ya estaban en el auto