118. Siempre te amé.
Ciro, con manos temblorosas pero decididas, colocó su mano sobre la herida de Marguerite, tratando de contener el flujo de sangre que se escapaba con cada latido de su corazón. Julia se mantuvo unos pasos atrás abrazando a su hija, sus ojos estaban llenos de terror y tristeza mientras observaba la expresión de sufrimiento en el rostro de Marguerite.
La habitación estaba sumida en un silencio ensordecedor, roto solo por los sollozos de Hanna y la respiración entrecortada de Marguerite. Ciro, a p