102. Ya escuchaste, la abuela quiere vernos.
Las manos de Ciro se crisparon en puños, la ira que recorría su cuerpo cada vez lo nublaba más.
—No, no será mi culpa, sino tuya, por venir corriendo a quejarte con la abuela sin tener en cuenta su delicado estado de salud — Ciro se alejó de Marguerite; de no hacerlo, habría terminado por poner sus manos en su fino cuello de cisne y retorcerlo, o incluso abofetearla por lo estúpida que había sido al alterar a su abuela — pero te repito, lo que ocurra entre Julia y yo…
No pudo terminar la frase,