34. Un hombre cautivador
Sin saber cómo, llegaron al cuarto de baño. Tropezaron con la puerta y con el retrete. Rieron.
— Carajo, Beth, te deseo — murmuró el sexy guardaespaldas contra la boca femenina. Pegó su frente a la suya.
— Yo… también te deseo — confesó, y no solo eso, lo amaba… no había dejado de hacerlo un solo instante de su vida.
— ¿Estás segura de que quieres esto tanto como yo? — le preguntó — No quiero que mañana finjas que no pasó nada.
— Leonas… — ella lo miró con compasión.
— No haremos nada si pr