29. Necesidad de cuidarla
— Señor… ese hombre, el tal Lorenzo, no tuvo más remedio que admitir que Renato le pagó a él y a la muchacha para inventar toda esa historia — informó Leonas a su jefe una vez que cerraron la puerta del despacho.
Ana Paula, que todavía estaba sujeta a la mano de su esposo, arrugó la frente.
— ¿Por qué? — quiso saber, ella nunca le había hecho nada para que se ensañara de esa forma.
— Eso no lo sé, o al menos el tipo dice que Renato no le dio los motivos, solo le pagó.
— ¿Y te aseguraste de q