15. No iba a manipularlo
La mañana siguiente, en el comedor, a punto de servirse los alimentos, una de las mucamas le informó al CEO Torrealba, que su esposa se encontraba indispuesta y no bajaría a la mesa con ellos, que la disculparan.
— De acuerdo, si es así, que nadie la moleste — dijo con desinterés, creyendo que se trataba de un capricho por lo nuevamente sucedido entre ellos la noche anterior.
No lo iba a manipular. No esta vez. Ya iba siendo hora de que fuese firme con ella, como debió seguir siendo desde un p