14. ¡No vuelvas a hacer eso!
Llamó a su puerta, y ansioso, no esperó a que ella contestara para abrir. La encontró caminando de un lado a otro. Se miraron, sin saber qué decir.
— Lo que viste allá abajo… — se aclaró la garganta, de pronto nervioso. ¿Qué ocurría? Él nunca se ponía así.
— No tienes por qué darme explicaciones — le dijo ella, acercándose a la ventana. Su corazón latía.
Santos entornó los ojos ante esa desinteresada respuesta. ¿Le daba igual si estaba con otras mujeres? Probaría cuánto.
— Tienes razón, no d