Había llegado el gran día. Un día que por un momento pensó que no llegaría; pero el fracaso no era parte de su vocabulario. Había fallado una vez, mas no permitiría que sucediera lo mismo dos veces.
Y así, sentado en la primera fila de la sala del tribunal, veía cómo Selene y sus hijos recibían la justicia que se merecían luego de haber vivido aquel infierno.
Su madre estaba sentada en el banquillo de los acusados junto a Isabella y Margaret Smith, la enfermera. Las tres esposadas, las tres con