Cuando llegó a casa, solo podía pensar en la niña y en lo que esa mujer pudo haberle estado diciendo durante todos estos años.
No sabía de su existencia hasta hacía unos pocos días; pero ahora que sabía que tenía una hija —que además era una cosita preciosa y estaba siendo manipulada por una mujer desquiciada—, sentía que su cabeza no podía dejar de pensar en eso. Era una necesidad alejarla de Isabella. Pero la muy astuta se estaba valiendo de buenos trucos para hacerlo ver como un padre no apt