Esa noche Alejandro no volvió; lo supo porque no estuvo presente a la hora del desayuno.
Su hijo le preguntó por su padre y, a pesar de que solo tenían una semana viviendo juntos, para él parecía importante verlo. No supo qué decirle hasta que llamó a su esposo y este le respondió con una disculpa.
—Lo siento. Me quedé dormido en la oficina —fue lo que dijo con la voz ronca y cansada. No parecía estar de buen humor.
Inmediatamente, sintió que todo era su culpa. Lo estaba arruinando; estaba alej