Para su absoluta decepción, Marcos no apareció; o ese fue el último pensamiento que tuvo antes de meterse en la cama, cuando el cansancio la venció luego de estudiar durante horas. Sin embargo, a medianoche, cuando la oscuridad se apoderaba de cada rincón de la habitación, sintió algo. Un leve sonido. Una presencia que la hizo sentarse en la cama con el corazón acelerado.
Sus ojos se dirigieron a la ventana y, efectivamente, estaba abierta. Una brisa helada se colaba por la misma, haciendo que