Quizás se había quedado de pie demasiado tiempo en el pasillo, porque no tardó en sentir la presencia de Marcos a su espalda.
—No hacía falta que me esperaras aquí, ratoncita —dijo él.
Pero ella, en verdad, no lo había estado esperando; solo… su mente se quedó en blanco luego de aquellas palabras de Julián.
—¿Marcos, lo amenazaste? —Se giró hacia él, todavía llena de incredulidad.
El rostro siempre divertido de su amigo adquirió algo de seriedad ante la pregunta.
—¿De qué hablas? —preguntó con