Me cuesta respirar. Es como si todo el oxígeno del mundo se hubiera evaporado justo en este instante, cuando mi cuerpo se rinde, temblando, desbordado por las sensaciones que me despierta el orgasmo, convirtiéndome en estado líquido.
No sé qué me pasa. No sé si estoy llorando, riendo o simplemente desesperada por el fuego que me quema mientras intento respirar con normalidad. Siento cada pulso arderme en la piel, en la garganta, en los labios y en medio de mis piernas.
La humedad que hay ahí