Mi madre retrocede un paso ante la dureza de mis palabras. Puedo ver cómo traga grueso y disimula que no le ha afectado lo que he dicho.
Por supuesto, para ella es inconcebible e incluso, una abominación, siquiera pensar que mis palabras son ciertas. Que son más que eso, palabras para solo molestarla.
La veo recobrar la compostura, alzar el mentón y poner esa sonrisa ensayada que conozco a la perfección. Todos en la monarquía tenemos una careta. La mía, la forjó mi carácter militar, pero la d