Caterine observó el rostro de Bernardo en la pantalla del televisor. Sus ojos fríos le devolvieron la mirada y por un segundo se sintió transportada a aquella pequeña habitación en la que la habían mantenido cautiva. Caterine recordó su sonrisa sádica, mientras le decía lo que iba a hacer con ella. Su padre y Corleone habían llegado antes de que él tuviera oportunidad de cumplir alguna de sus amenazas.
—Bernardo Mazza aún no ha dado explicaciones —dijo la presentadora—. La policía tampoco ha