Corleone estacionó su auto frente a la casa de los Vanucci y se bajó del auto. Greta descendió las cortas escaleras con una sonrisa en el rostro.
—Corleone —lo saludó ella, acercándose.
—Buenas noches —saludó, inclinándose ligeramente para dejar un beso en su mejilla—. Te ves hermosa —halagó con cortesía.
—Gracias. Tú también te ves bien —respondió ella—. ¿Nos vamos? Mis padres nos verán en la fiesta.
Asintió con la cabeza. Se acercó a abrir la puerta del copiloto y le ofreció una mano para ayud