Corleone observó la imponente casa de los Vanucci desde el interior de su auto, tomándose un instante antes de bajar. Se dio cuenta que solo estaba prolongando lo inevitable, así bajó del auto y se dirigió hacia la entrada principal. El ama de llaves lo recibió en la puerta unos segundos después de llamar a la puerta.
—Los señores lo esperan en la sala principal —informó la mujer con cortesía.
Él asintió en silencio y avanzó por el pasillo, preparándose mentalmente para lo que estaba por venir.