—Tú lograste el milagro de convertir a mi niño quejoso y gruñón en un hombre disciplinado y más alegre. No hay palabras para agradecerte.
—No ha sido nada—se sonrojó— Ha sido su energía y disposición, que finalmente canalizó de forma sanadora y apropiada.
—No te quites mérito, niña. Mi Aidan recuperó el humor y la alegría con tu presencia. Como mi grave y serio Milo se transformó con Regina, tú has hecho un trabajo similar.
—La diferencia es que lo mío es puramente profesional y fui formada par