Por ello pensó que disfrutar de su casa de playa en Santa Mónica era el contexto ideal. Era su refugio, al que escapaba cada vez que necesitaba un impasse, despegarse de lo laboral y distenderse. Invitar a Regina se sintió correcto. Ella lo apreciaría, era un sitio privilegiado con una maravillosa vista, con acceso directo a la arena y el mar. No había llevado a ninguna mujer allí antes. Era casi un santuario, pero Regina encajaría bien en él. Junto a él.
Extendió la invitación por el fin de se