CAPITULO 34 Saborear lento y sin prisas.
—Es extraordinaria la manera en que respondes a mis caricias.
—Me llevas hasta el cielo y desde ahí caigo—dijo ella al calmar su respiración, sus pezones todavía duros y clavados en la masa de músculos que eran el tórax y los abdominales de su amante.
Su miembro palpitaba y horadaba su estómago, de tal forma que debía doler. Consciente de ello, supo que era tiempo de atenderlo, y descendió de manera natural. Lo miró y vio sus ojos turbios clavados en ella. Abrió su boca, sin dejar de observarlo