Creo que tarde al menos una hora en salir de esa habitación, recordaba una y otra vez el rostro de Jake, la manera de cómo el hombre que amaba se había desaparecido. Ahora solo era un maldito degenerado, que me utilizaría a su antojo y no sé por cuánto tiempo.
Creo que ya no podía estar más decepcionada, él me había demostrado que la naturaleza humana es ruin. Yo le había entregado todo. El para mí, era mi mundo.
Mi celular comenzó a sonar, Fernández me necesitaba en urgencias, no tuve más remedio que limpiar mis lágrimas y salir. Juraba que el trabajo me mantendría ocupada, pero, aunque me engañara, no lo lograría.
Al llegar a urgencias me encontré con la jefa, la cual apodamos “La dama de hierro”. Alguien con un talento extraordinario en la medicina, pero con cara de pocos amigos. Se decía que era soltera, otros que su pareja era maltratada. Miles de teorías y ninguna comprobada.
-Vengo a reportarme Jefe. - mencioné tratando de sonreír, ella me vio de arriba abajo y pidió que la siguiera. –
La puntualidad es mi prioridad- Menciono, yo simplemente asentí y fui con ella.
Mi primer paciente me estaba esperando, un niño de escasos 10 años que venía por una broma escolar. Un amigo le había clavado un lápiz en su mejilla izquierda, todo por qué no quiso jugar con él.
Los paramédicos lo habían sedado, el niño en su ataque de pánico deseaba sacar el lápiz de su rostro. El problema es que no sabíamos que arteria o músculo estaba afectado.
La madre visiblemente afectaba sostenía su mano mientras lo veía dormir. Pedí exámenes de inmediato, necesitaba una radiografía de su rostro. Tan pronto los resultados estuvieran listos volvería con él.
Puse algo de vendas en el rostro de Mateo, así se llama. Tranquilice a la mamá informándole que todo estaría bien.
Corrí por urgencias por un par de horas, siempre había llanto, gritos y personas muy enfadadas por atención médica. Pero lo más triste estaba en el pasillo gris, allí estaban las personas que fallecían, esperaban que medicina legal viniera por ellos.
-Doctora Rosales, ya están los exámenes del menor. - mencionó la jefa, yo agradecí y los tomé.
Me alivió saber que no había comprometido los nervios, pero era necesario una cirugía de inmediato. Di las órdenes para el procedimiento, pedí que me habilitaran la sala de operación.
Comería algo antes, no sé cuánto pueda tardar operando. Sé que no tenía mucha hambre, pero era necesario. Mientras pedía un emparedado, recordaba las palabras de Jake.
Él había estado conmigo, con Carmen y cinco novias como adición. Eso me hizo caer en cuenta de lo asqueroso y promiscuo que era. Necesitaba realizarme con urgencia exámenes de todo tipo. En especial los de transmisión sexual. Jake jamás puso preservativo. Según él yo era su futura esposa y le creí.
Un mensaje llegó, me anunciaba que Mateo estaba listo para la operación. Tiré mi comida a la basura y me limpié.
Al ingresar a la sala me encontré con mi enemiga número uno, había sido llamada por ser un rostro. Se sabía que necesitaban una cirujana plástica.
-Quiero que todos vean mi anillo, Jake me ha comprado un diamante de 8 millones de dólares. - mencionaba Carmen levantando su mano para que todos vieran lo reluciente de su joya. -
-No se puede usar anillos en sala, doctora Sandoval. - mencioné
-Lo sé, es que es tan valioso que no quiero perderlo de vista. -
-Iniciemos. - mencioné, en sala había dos enfermeras, mi auxiliar Sergio, el anestesiólogo y el instrumentista. Quería que nos concentrarnos en la cirugía, pero era imposible.
-Hoy estoy cumpliendo un año con Jake, es increíble que el tiempo pase tan rápido. - ¿Un año? Por doce meses me habían visto la cara de idiota. Como era posible que eso pasó en mi nariz y no lo vi.
Mi mente vagaba en los recuerdos. Las noches donde Carmen y yo veíamos películas de amor. Nos deseamos un hombre maravilloso, ella sabía todo lo que pasaba entre Jake y yo. Era mi amiga, mi confidente.
- ¡Doctora Rosales! - ¡Doctora Rosales! - escuche decir, para mí era como un susurro
- ¿Ah? - pregunté confundida
Sergio me estaba llamando, mi paciente estaba sangrado, yo me había distraído, algo gravísimo.
-Veo que te afectó mucho la noticia de mi noviazgo. - Carmen seguía con su provocación, ella sabía que me afectaría y así fue. -
Termine mi procedimiento, con rapidez me quité mi bata y saldría, le pedí a Sergio que estuviera pendiente a la sutura. No quiero que Carmen diga que yo había fallado.
Está situación seria constante. Ella me haría la vida imposible y yo sé lo estoy permitiendo. Caminé hacia la habitación de descanso y me solté a llorar.
Soy débil, no podré superar esto, necesitaba hacer algo que me ayudara a sanar, pero era imposible. Ver a ese par de traidores caminando como pavos reales me hacía todo más difícil.
Mi celular sonó, Jake escribía, el grado de cinismo se presentaba hoy. “Princesa ¿quieres pasta para la cena?”. Él sabía que yo la amaba, era mi platillo favorito.
-Te equivocaste de chat, este es un mensaje para Carmen- respondí
Uno nuevo llegó. - “Tu eres mi princesa” cuento las horas para verte. Seguido de un emoji de corazón, yo bloquee la pantalla.
No me sentía lista para asumir el cargo que él me dio por dos años. La amante.
Más mensajes llegaban de urgencias, había trabajo y nada de tiempo para llorar. Pasé por el baño, me lavé el rostro y salí. Mientras revisaba mis pendientes un olor muy conocido inundó mis fosas nasales.
Mi rostro se estrelló contra su duro pecho, Lorenzo estaba aquí.
-Perdón doctor. - mencioné levantando mi cabeza, el hombre que me había hecho una propuesta extraña la otra noche estaba aquí. -
-Doctora Rosales me han dicho que tuvo un pequeño percance en cirugía. - mencionó cruzando los brazos, sus grandes músculos se marcaba a través de su traje negro. -
-No fue nada doctor. – respondí
-Esos percances puede costarle la vida a un paciente. -
-Lo sé y no volverá a pasar. -
-Que sus problemas no afecten el nombre de este hospital, no voy a tolerar una negligencia. ¿Podrá con eso? -
Él tenía razón, si seguía así afectaría a los pacientes y mi carrera se iría a la basura.