El sonido burbujeante de la cafetera se escuchaba en el lugar, la hora marcaba que pronto serían las ocho de la mañana. Había pasado toda la noche trabajando en el caso del primer ministro.
No era la primera vez que trabajaba veinticuatro horas, aveces había sido más. Pero jamás fue en silencio como esta vez. Lorenzo solo hablaba lo justo, respondía las preguntas que le hacía. Nunca propuso una conversación.
-He terminado.- mencioné entregando el informe, lo puse sobre su escritorio.-
-Dame los porcentajes.- mencionó sin verme, sus dedos seguían tecleando.-
-50/50.- respondí
-Es arriesgado.- respondió y tomó el informe, solo veía como fruncía el ceño revisando.-
-No veo otra alternativa, pero es usted el que debe decir que es lo mejor para el primer ministro.- respondí.
Caminé hacia mi puesto, me había apropiado del sofá haciendo un desastre de papel. Comencé a recoger todo, necesitaba extra cafeína para seguir.
-Es vital que se realice los exámenes descritos, solo a