Te irás conmigo.
—Esta bien, señora Brenda. —Fue su respuesta al instante. No tuvo que pensarlo mucho, Leóncio era una adicción que la empezaba a consumir. Todo estaba saliendo de control, aparte, temía que este descubriera que era una diabla de la tercera dimensión.
—Algo me decía que eres digna. Te prometo que cuando tenga más ropa vieja te las regalaré. —Le retorcía las tripas, ver sus gestos mordaces. La miro a detalle, luego la ropa que le apestaba.
—Le sugiero no tomarse la molestia, puede donarla d