Olvidemos todo.
Leóncio Badin observaba desde el ventanal transparente de su habitación, la mujer que paseaba a su perro Vil, esté parecía muy agusto con ella, tanto como el lo había estado desde su llegada.
Una monja atrevida, esa mañana, cuando llegó a su casa, lo había prácticamente violado, una fascinante posesión. Ya sabía que las monjas podían tener un líbido pecaminoso escondido debajo de su hábito.
Todas las que lo habían cuidado por más de 10 años, habían de una u otra forma tocado su cuerpo, per