¡Oh no! Me acosté con el papá de mi novio. 😳
No solo me embestía; me estaba reclamando.
La primera estocada fue un terremoto. Golpeó tan profundo y tan fuerte que la cabecera se estrelló contra la pared con un golpe rítmico y ensordecedor: *taca-taca-taca*. Sacudió hasta el tuétano de mis huesos.
—¡Ah! Joder... ¡sí! ¡Papi, por favor! —sollocé, con la voz quebrándose bajo la pura intensidad de la fricción. Cada vez que se retiraba, el aire se sentía frío, vacío —una cruel burla de privación— antes de que volviera a arremeter hasta el fon