La habitación era diferente hoy. No era el dormitorio. Era una sala más pequeña y estrecha, bordeada de espejos de piso a techo. La iluminación era intensa, de un blanco brillante que reflejaba cada rincón del espacio mil veces. Vinx ya estaba allí, apoyado contra la pared del fondo con los brazos cruzados. No llevaba la chaqueta puesta. Tenía las mangas arremangadas, revelando unos antebrazos gruesos y bronceados.
—Cierra la puerta, Elena. Ponte frente al espejo —dijo. Su voz era fría. No so