Mundo ficciónIniciar sesiónLos hombres también pueden ser víctimas. Pero el mundo rara vez les cree.
El silencio que siguió a la confesión de Damián era del tipo que precede a los terremotos. Eva permaneció inmóvil en la silla de la habitación del hospital, sus manos aferrando los reposabrazos con tanta fuerza que los nudillos se habían tornado blancos. Las palabras que acababa de escuchar resonaban en su mente como ecos distorsionados, cada una golp







