Mundo ficciónIniciar sesiónLos conventos guardan más que oraciones. A veces guardan secretos que el diablo preferiría olvidar.
El Convento de Santa María se alzaba sobre la colina como una cicatriz en el paisaje de Morelos. Doscientos años de historia pesaban sobre sus muros de cantera, cada piedra impregnada con los susurros de mujeres que habían elegido —o sido obligadas a elegir— una vida entre Dios y el olvido. El camino de terracería que conducía







