Gabriel sintió que le tocaban la mano y se desperezó un poco. Había llegado del trabajo hacía un rato, juraba que se había sentado solo unos segundos delante de la chimenea, pero se había quedado dormido en su sillón al instante.
—¿Papá...?
El capitán abrió los ojos de inmediato para encontrarse con los ojos curiosos de sus gemelas. Eran dos gotas de agua.
—¡Holaaaaa! ¿Cómo están las princesas de papá?
Las niñas gatearon hasta subirse a sus rodillas.
—¿Nos lees un cuento? —le pidió Steph—. Jay