CAPÍTULO 86. Unos amigos paranoicos
Marianne sentía que la voz se le acababa mientras hablaba por aquel teléfono.
—¿Qué? Pero... ¿cómo? —dijo Norton sorprendido.
—No tengo ni idea, pero tienes que venir... por favor. Él no se encuentra bien y yo... no sé qué hacer.
—¡Calma! Voy para allá ahora mismo, ¿están en casa?
Marianne asintió aunque él no podía verla.
—¡Claro que estamos en casa! ¿¡Dónde más vamos a estar, por dios!? Por favor, date prisa.
Marianne colgó la llamada y se apresuró a echar en una bolsa algunas cosas que neces