CAPÍTULO 38. Demasiado tarde
El calor era agradable… agradable y extraño, y podía cambiar en un solo segundo mientras Marianne sentía a Gabriel ronronear contra su espalda. Se giró despacio y vio que todavía dormía profundamente, así que se levantó en el mayor silencio. En el momento en que sus manos dejaron de tocarla, sintió aquel extraño vacío dentro de ella.
Se envolvió en una manta y se acercó a la chimenea. Le dolía el cuerpo, pero de una forma que no tenía nada que ver con calmarla o hacerla sentir mejor. Era el dol