El CEO de pronto se vió cargando a Fabiano, quien le sonreía, el niño le puso la manita en la espalda ensuciando así su fino saco, y la noche apenas comenzaba
— Tío Danilo, vamos a las golosinas
— Ya has comido suficientes dulces hoy, Fabiano, te puede doler el estómago
Al negarse, el pequeño se retorció para que el CEO lo bajara de los brazos, así pudo ir el mismo a dónde sabía que habían dulces
— Yo quiero golosinas — se le veía caminar al niño, hasta que comenzó a correr
— ¡Fabiano, ven aquí