Lancé un suspiro al aire. Por alguna sibilina razón, me sentía extrañado. Una parte de mí no quería hacerlo. Una callada vocecilla en mi cabeza, no dejaba de repetirme que no estaba bien, que me olvidara de todo y me fuera a casa, pero mi carne me incitaba a continuar. Ya había avanzado y aguantado suficiente, como para frenarlo y decantarme por abandonar los planes que había trazado.
- En fin –moví mi cabeza para despejar todos los pensamientos negativos que me saturaban–. Hoy será la noche en