Capítulo 38

 

Una vez más, sus ojos lucían desorbitados por la sorpresa al verme subir el colectivo para seguir el mismo camino que nos llevaría al Instituto.

— ¿Puedo sentarme allí? Me gusta ir del lado de la ventana. — preguntó acercándose a mi asiento.

Lo miré con desprecio y solo pude contestarle lo obvio:

— Tienes suficientes ventanas lib

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