—No sé cómo le hiciste, así que deja este teatro de una vez por todas. Maldita la hora en que caí en tu juego, resultaste más zorra de lo que pensaba.
—¡Suéltame! O grito —le increpó a su padre, o bueno, al hombre que la engendro—, Zorra, tu hijita, que se le metió por los ojos a quien era mi novio. Desde el fondo de mi alma, les deseo a los novios tanta desdicha como la que viví yo siendo parte de la familia Montiel.
Sebastián Montiel hizo el ademán de querer levantar la mano para golpearla, p