UN AÑO DESPUÉS
—Nuestro primer baile, señorita N.
—Nuestro primer baile, señor A.
—Gracias—dijo él.
—¿Por qué? — Mientras él la hacía girar en medio de la pista de baile, en aquel enorme salón, frente a más de cien personas, los invitados a su boda.
—Por darme la oportunidad de abrir mi corazón, cuando pensé que nunca lo lograría.
—¿Algún día me contarás?
—Algún día, dice mi psicóloga, que lo lograré, tiene fe en mí y yo también.
—Yo también tengo fe en ti, no lo olvides.
—Te amo, Elizabeth, nu