78. Su error
Su mirada oscurecida me daba a entender que no había ni una pizca de benevolencia en sus adentros.
Revisó mi brazo, con una calma casi milimétrica. No tuve que responderle, él ya sabía la respuesta. Tomó su teléfono con una pausa casi teatral, y tras esto marcó un número. Tras varios timbres, la persona del otro lado contestó.
Liam.
Oliver solamente le dijo que fuera preparado a nuestro penthouse y que se encontraría con él en unos veintes minutos. Le escribió algo y tras de esto caminamos a su