77. Desesperada
El ardor en mi brazo era un recordatorio de lo que más temía… esto era real. No una pesadilla.
Ahí estaba aquella serpiente.
Los dos pares de ojos me seguían. El mundo se movió en su ritmo, donde todos desaparecieron, quedando solo nosotras. Ella alzó su rostro mostrando una seguridad que parecía su sello.
Ella…
Quien tenía una reputación que se estaba destruyendo poco a poco. Por su rostro seguro se notaba que no le importaba que, con solo estar cerca de mí, podría arrastrarla aún más a su abis