116. No aquí
—¡Debemos bajar! —rugió con fuerza—. Nos vamos al hospital.
Alexandro y Pierre, que habían mantenido algo de distancia para darnos privacidad, entendieron enseguida. Se acercaron a nosotros para ayudarnos a caminar entre la nieve y asegurarse de que no resbaláramos. Todo aquello era imposible de describir con palabras.
—¡Ah! —dejé escapar un sollozo sujetándome el vientre con una mano mientras con la otra me aferraba al abrigo de Oliver.
Mis dedos temblaban. El frío aumentaba. El dolor en la par