—Aurorita, por fin bajas a verme.
Miré de reojo las marcas en la puerta y me reí con sarcasmo:
—Papá, esta vieja casa es herencia de los Cardot desde nuestros antepasados y hoy casi tiras la puerta. ¿Cómo crees que mi abuelo va a descansar en paz cuando vea esto desde el más allá?
—¡Pff! —mi padre se molestó.
—Aurorita, al final de cuentas soy tu papá. ¿En serio quieres humillarme así? Solo estoy pasando por un mal momento, no significa que no me pueda recuperar. Cuando haga dinero otra vez, voy