Capítulo 882
Así que hoy estaba tan desocupado, ¿entonces por qué tuvo que mentirme para que yo recogiera a los niños?

—¡Papi!

Cuando los dos niños lo vieron, corrieron felices hacia él.

Mateo soltó su revista sobre la mesa de centro, y abrazó a los dos niños. Por una vez, su mirada se llenó de ternura.

Les acarició la cabeza suavemente y sonrió:

—Vayan a lavarse las manos, que en un rato vamos a cenar.

—Bueno.

Los dos obedecieron, dejaron las mochilas y fueron uno detrás del otro al baño.

Ya que había traíd
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