Así que hoy estaba tan desocupado, ¿entonces por qué tuvo que mentirme para que yo recogiera a los niños?
—¡Papi!
Cuando los dos niños lo vieron, corrieron felices hacia él.
Mateo soltó su revista sobre la mesa de centro, y abrazó a los dos niños. Por una vez, su mirada se llenó de ternura.
Les acarició la cabeza suavemente y sonrió:
—Vayan a lavarse las manos, que en un rato vamos a cenar.
—Bueno.
Los dos obedecieron, dejaron las mochilas y fueron uno detrás del otro al baño.
Ya que había traíd