Sin embargo, cuando Carlos contestó mi llamada, su voz todavía llevaba un matiz de alegría:
—Aurorita, ¿me llamaste porque tienes algo que decirme?
—¿Qué estás haciendo? —pregunté con seriedad, aunque no pude evitar sonar un poco sarcástica—. ¿No estaré interrumpiendo tu romance con Camila?
—Aurorita, ¿qué estás diciendo? —respondió con urgencia Carlos—. No importa cuándo me llames, nunca será una molestia.
—Je, seguro Camila está a tu lado. Si escucha eso, otra vez va a ponerse a llorar. Al fin