—¡Cállate! —Camila levantó la mano como si fuera a pegarle a Valerie.
Le agarré la muñeca con fuerza y, con odio, le dije:
—Si te atreves a tocarla, inténtalo. ¿Aún crees que no bastaron las dos puñaladas que te di?
Cuando mencioné esas puñaladas, Camila me miró con aún más ira.
De repente, Carlos me dijo:
—Basta, Aurorita, somos hermanos, ya no hablemos de lo de antes.
Solté la mano de Camila y, burlona, le respondí:
—Traes a Camila frente a mí y aún quieres que no mencione lo de antes, ¿crees