Luki miró a Valerie con los ojos llenos de lágrimas y la boca cada vez más chiquita, bien molesto, y Valerie se rió tanto que casi le dolía el estómago.
Valerie tomó rápido a Embi y quiso cambiarla, pero la pequeña, tan orgullosa, enseguida se volteó hacia mí, me abrazó del cuello, clarito enojada con Valerie.
Valerie se rió, medio desesperada:
—Mira esto, tan chiquita y ya tiene genio, ¡impresionante!
Sí, sin duda tiene algo de Mateo en ese orgullo.
No puedo dejar que Embi copie esa actitud de