Valerie se secó las lágrimas de la cara y me dijo:
—Aurorita, ¿tienes hambre? Voy a ir a comprar algo de comer.
Asentí y la vi irse.
Cuando pasó cerca de mi hermano, él la miró de reojo, con sentimientos encontrados.
Cuando Valerie salió, mi hermano se acercó.
Me dijo:
—No sabía que le gusto a Valerie.
—¿De veras? —respondí, con una sonrisa irónica.
—Ya no tienes por qué saberlo, de todas formas, ya no le gustas. Tú quédate con Camila, es toda tuya.
Indeciso y cansado, mi hermano apretó los labi