Por la tarde fui a la morgue a ver a mi mamá.
Ella yacía bajo la sábana blanca, su cara sin vida todavía se veía bondadosa.
Pero ya nunca abriría los ojos para mirarme, nunca volvería a llamarme con esa voz llena de cariño.
Ya no tenía mamá… ya no podría recostarme en su pecho con calma para contarle mis cosas.
Al recordarlo todo, el dolor y la desesperación me inundaron por completo.
Me incliné sobre la camilla y empecé a llorar sin consuelo.
Le hablé una y otra vez, pero ella ya no podía respo