—Espera, voy a traerte algo de tomar.
Mi hermano se levantó y fue hacia la cafetería. Al rato volvió con una aromática y me la puso entre las manos.
Lo miré y le pregunté:
—Hermano, ¿tú crees que ese riñón esté bien?
—Claro que sí. Bruno y Mayi lo consiguieron después de varios días sin pegar el ojo.
—Entonces, ¿por qué justo se tenía que dañar el carro que lo traía?
—Pues… —mi hermano se quedó callado un momento y luego, resignado, me revolvió el pelo suavemente.
—Aurorita, creo que te estás pr